1 er Puente del año y el supuesto descanso

Raúl Jiménez

2/3/20262 min read

Recientemente observé dos escenas que llamaron mi atención. La primera fue la de una persona que vendía sus propios productos sentada en el centro de la ciudad, con la mercancía exhibida directamente sobre el suelo. Lo que más me impactó no fue la venta en sí, sino que, en medio de su jornada, comenzaba a quedarse dormida. Días después, presencié una escena similar: un joven con uniforme de seguridad privada, cargando una mochila visiblemente grande y pesada, permanecía de pie en el transporte público. El cansancio era tal que, en varios momentos, sus piernas parecían luchar por no ceder. Finalmente, alguien cercano lo notó, le ofreció el asiento y el joven se quedó dormido casi de inmediato. Ambas imágenes reflejaban una fatiga muy familiar: la de un profesionista tras una larga jornada laboral o la de un emprendedor después de horas de trabajo continuo.

Con la llegada del día de asueto del 2 de febrero, por la conmemoración del aniversario de la Constitución Política —que oficialmente corresponde al jueves 5— surge una pregunta: ¿quién verdaderamente se detiene a descansar? Negocios, tiendas de autoservicio, gasolineras, restaurantes, repartidores, recolectores de basura, transporte público, entre muchos otros, ¿descansan realmente? La respuesta, en la mayoría de los casos, es no. Hay quienes no se detienen por necesidad, otros por convicción, y algunos más porque simplemente no contemplan hacerlo.

Entonces surge una cuestión más: ¿somos dueños de nuestro propio descanso? Y aún más importante, ¿qué significa realmente descansar? El cuerpo necesita horas de sueño, pero la mente también requiere espacios de despeje. Hace algún tiempo, casi por casualidad, visité un bosque a unos cincuenta minutos de la ciudad y, después de mucho tiempo, experimenté una desconexión real: del ruido urbano, del constante estímulo de las redes sociales, del ritmo acelerado. Respiré aire más limpio, comí de manera más sencilla y cercana, y por un momento sentí una pausa genuina.

Desde mi perspectiva, sostengo que sí somos dueños de nuestro descanso. No depende necesariamente de un día de asueto, sino de una decisión consciente: escuchar al cuerpo y atender a la mente. El descanso no siempre implica una escapada al bosque o a la playa; puede encontrarse en aquello que nos desconecta, en nuestros hobbies, en el entrenamiento, en una caminata, en una ruta personal. No sé si el descanso sea un privilegio, pero quienes están dispuestos a ejercerlo, adelante. Y para quienes su fuerza interior, motivación o circunstancias no se los permiten, mi respeto absoluto. Cumplir incluso cuando se podría no hacerlo, es digno de reconocimiento.

Finalmente, no escribo esto como una invitación a detenerse ni como un llamado a llegar al límite. Cada persona vive realidades distintas, enfrenta circunstancias únicas y sostiene mentalidades que demandan cosas diferentes de sí mismas. Reducir todo a una sola postura sería injusto e incompleto.
Lo que realmente quiero señalar es la importancia de aprender a escuchar lo que necesitamos —no lo que se espera de nosotros— para avanzar de manera consciente hacia la meta que cada quien persigue. Descansar, trabajar, detenerse o continuar no deberían ser actos automáticos, sino decisiones alineadas con nuestro bienestar y propósito. Ahí, quizá, se encuentra el verdadero equilibrio.

Raúl JH.