22/02/26 Oscuridad, silencio y convoyes militares

Raúl Jiménez

2/24/20266 min read

En este texto quiero plasmar 90 minutos de mi día de ayer, 22 de febrero del 2026, ya que no hay más que decir después de lo visto en las redes sociales y las noticias de la televisión, sin embargo, quiero transmitirles desde mi lente lo que es estar en medio de la noche, mirar carros quemados sobre las avenidas, oscuridad, silencio, incertidumbre y convoyes de militares por doquier.

Como preámbulo, cuando subes a un vuelo, todos sentimos sensaciones diferentes, esto por la razón por la que viajas, en ocasiones son vacaciones, viajes de trabajo, un regreso a casa o una ilusión que el estado puede dar, todos viajamos en canales diferentes, sin embargo, en esta ocasión, se percibió que todos abordamos con la misma sensación, una tensión extraña, una sensación de incertidumbre de saber que te acercas a un lugar de peligro, las miradas son otras, y, las sobre cargo en un piloto automático haciendo su trabajo pero con el pensamiento puesto en otro lado, el vuelo se vendió como lleno, pero solo abordaron al menos la mitad.

Los 90 minutos empiezan en el aeropuerto de Guadalajara, una llegada extraña al estado, mientras el avión aterriza, los pensamientos de, -que voy hacer cuando llegue sino hay transporte-, se despierta un instinto interior en el cual empiezas a ver todas las posibilidades, y mientras eso sucede la primera pregunta al aterrizar es lanzada, ¿saben cómo está la situación aquí? Y la respuesta es simple, pero con un tono de preocupación, - nosotras llevamos volando todo el día, lo que sabemos es que muchos vuelos ya están cancelados y nosotras tampoco sabemos cómo nos vamos a ir a nuestras casas.

7:36 pm, Mientras salgo, reviso la app de Uber, “sin viajes”, empiezo a observar todo y la sensación que se percibe en el ambiente un tono de resignación de: -no puedo irme pero tampoco puedo salirme- mucha gente sentada en el piso con sus maletas, el aeropuerto con muchos restaurantes o pequeñas sucursales de comida rápida, cerradas, y en lugar de un ajetreo como lo es a diario, no hay movimiento, todos sentados y estáticos, sigo caminado velozmente y cuando llego a las escaleras eléctricas que conectan con la salida principal, mi primer pensamiento es; -una vez saliendo de aquí, ya no hay marcha atrás, ya no podre entrar al lugar seguro-.

7:40 pm, doy un respiro y cruzo la puerta, miro al fondo del pasillo y como si fuera una película, gente al otro lado queriendo entrar, la razón aun no la sé. Camino un poco más despacio y empiezo a observar todo, poca gente fuera y mucho murmullo adentro, miro los que comúnmente ofrecen el servicio de transporte, y sin movimiento, camino un poco más despacio y veo el típico “taxi seguro” que siempre he creído que no es seguro y que además es caro, miro que dos personas le dan un ticket a una joven y sin pensarlo, instintivamente me acerco sin hacer fila, y les solicito -yo también quiero un viaje- me responden, ¿por dónde vas?, no estamos yendo a todo Guadalajara, les comento mi dirección, y me dicen ok, esto te cuesta, en una situación de tener una pequeña brecha para llegar a tu destino, en ocasiones se paga lo que es.

7:50 pm, salgo a la avenida del aeropuerto, y como entrar a una película, todos preguntando y comentando como irse, los taxis son pocos y la gente es más, sin saber cómo explicarlo, mi taxi no tardó en llegar, pero esos 5 minutos de espera fue ver y escuchar como los encargados del sitio comentaban por sus radios, “rápido wey, ya es noche”, la respuesta: “ yo creo que ya no regreso habrá toque de queda a las 9 por donde vivo y no voy a alcanzar a llegar por unos pesos más, no lo vale (alv) que me castiguen”. Posterior a esto pienso, -tal vez sea de los últimos que alcance a tomar taxi-.

7:55 pm, empezamos el camino con un gesto inesperado, el chofer encomendándose a Dios, y lo segundo que me comenta literalmente el chofer después de preguntarme mi dirección es: “ no mames wey esto está bien cabrón, no te imaginas, solo te dejo a ti y ya no regreso” añade “ me tocó verlos, como 10 motos que pasaron a un lado de mí, me los tope de frente venían hasta su puta madre, incendiaron un carro en medio de la avenida”, el cuerpo se estremece y pregunto, -¿que hubo un ataque de pánico en el aeropuerto , no?- , me responde, “ wey, no fue pánico, ¡si entraron!, pero no pasaron más allá de la puerta, todos corrieron adentro, no mames wey estuvo muy cabrón eso”, y mientras me comentaba todo lo sucedido con un tono de pesadez, entramos a la primera curva, en silencio, en oscuridad total, solo luces dispersas, y lo primero que veo es un retén militar, pero no cualquiera, armados y dispersados de una manera poco habitual. Seguimos avanzando en una avenida donde se siente que ya no hay ley y los límites de velocidad pasan a dejar de importar, al primer kilómetro saliendo del aeropuerto me impacto ver algo que uno no imagina en la vida diaria. Un verdadero atrincheramiento, no son camionetas, son vehículos militares diseñados para la táctica y la guerra dispersados como segunda línea sobre toda la avenida, preparados para lo inesperado, más adelante, elementos castrenses dispersados en la primera línea con sus armas largas y el dedo índice a un lado del gatillo, sobre esa línea, poco más adelante, muros de contención que, al parecer, formaban un escudo para recibir balas, lo único que puedo decir es, increíble.

8:10 pm, avanzamos rápidamente, pocos autos y al avanzar en el silencio, solo el ruido del motor, nos encontramos con el primer vehículo, destrozado, abandonado y quemado en medio de la avenida, nunca me había tocado ver uno tan reciente, ver eso te da la sensación de saber que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento. Mas adelante, avanzando en la avenida prácticamente sola, nos encontramos en el carril central, el primer convoy, no de camionetas como la Guardia Nacional ó de Seguridad Publica. Verdaderos vehículos de guerra patrullando uno frente del otro, y como lobos de caza, alineados y en fila, los miro y pienso, -ellos pueden en esta noche ya no regresar, balas reales, consecuencias reales-.

Avanzamos por la avenida a una baja velocidad, 105 km/h vemos otro convoy a pocos minutos del anterior, me comenta el chofer, “ahora si sacaron todo”. Después de esta segunda caravana entramos a un umbral de aproximadamente 7 minutos de completa oscuridad y silencio que se vuelve un poco estresante, donde solo éramos los únicos en el camino. Nadie dice nada, ambos atentos, y en la desviación, giramos y agarramos camino, de pronto una luz de un automóvil justo detrás de nosotros, en otro momento solo seria una luz, en este momento fue; - ¿y esa luz de donde salió? si veníamos solos, el chofer entiende lo mismo y acelera, y en la siguiente desviación toma un camino diferente, ¿quién era?, no sabemos, ¿llevaba prisa?, la llevaba. Le voy indicando por donde girar y nos encontramos carros de personas civiles a una velocidad considerada, esto da un poco de calma, sin embargo, en esta situación el tiempo es oro, 8:25 de la noche, parece ser la madrugada, estar en la avenida es una cosa, entrar a las calles se vuelve otra, un lugar donde las personas acostumbra moverse en moto, ver una moto en este instante es no sentirse seguro. Encontramos una y otra, pero todo bien, ningún movimiento extraño, entramos a la calle, le indico mi domicilio, le pregunto, - ¿va para x dirección? -, -vallase por aquí, es más rápido, y hay mas luz-, me responde, “gracias” y como me dijo al principio le digo lo mismo “Dios te cuide”. Nos despedimos, bajo y termino abriendo la puerta lo más rápido posible para entrar, la sensación de inseguridad termino entrando al domicilio,

Finalmente quiero terminar mi vivencia comentando, hay noches que son pesadas, pero a quienes tienen que enfrentar situaciones para salvaguardar la integridad y control de un lugar con consecuencias severas, ellos por elección, entonces, yo por elección otorgo mis respetos a esas acciones, y a los que no pudieron llegar al 23 de febrero, que las creencias de sus allegados les otorguen lo que se ganaron.

Raúl JH.