Antes de la Gloria
Raúl Jiménez
7/21/20263 min read


Con este texto termino los escritos mundialistas. Y quiero hacerlo hablando de algo que, quizá, es lo más difícil del deporte: todo aquello que ocurre antes de levantar un trofeo.
Cuando vemos a un campeón levantar una copa, casi nunca pensamos en los años anteriores. Vemos el momento de la gloria, pero rara vez el camino que lo hizo posible. Ser deportista considero que es una de las cosas más difíciles y complejas que puede elegir una persona. No basta con tener talento. También se necesita disciplina, constancia y una mentalidad feroz para levantarse cuando nadie te obliga, entrenar cuando nadie te observa, cuidar el cuerpo cuando sería más fácil no hacerlo y entender que muchas veces tendrás que renunciar a placeres inmediatos por un objetivo que quizá tarde años en llegar.
Hay algo que llama especialmente la atención en muchos deportistas latinoamericanos y de otras partes del mundo. Sus historias no comienzan en los estadios más importantes, sino en los lugares más difíciles. Comienzan en barrios humildes, en pueblos pequeños, en familias donde el deporte no era un pasatiempo, sino una posibilidad de cambiar el destino. Muchos crecieron viendo a sus padres trabajar hasta el agotamiento, sacrificándolo todo para que ellos pudieran perseguir un sueño. Antes de la gloria existió una etapa silenciosa que casi nadie vio.
Luka Modrić es uno de esos casos. Creció en medio de la Guerra de Independencia de Croacia. Su abuelo fue asesinado frente a su casa y su familia tuvo que refugiarse en un hotel de la ciudad de Zadar. Mientras las bombas caían a pocos kilómetros de distancia, un niño entrenaba en el estacionamiento imaginando que algún día jugaría al fútbol profesional.
Sadio Mané también comenzó muy lejos de la élite. Nació en Bambalí, una pequeña aldea de Senegal donde la pobreza era parte de la vida cotidiana. Su padre murió cuando él tenía apenas siete años porque la clínica más cercana no contaba con el equipo necesario para salvarlo. Jugaba descalzo sobre campos de tierra y, siendo adolescente, escapó a Dakar para buscar una oportunidad sin que su familia lo supiera. Nadie imaginaba que aquel niño terminaría jugando finales europeas y representando a todo un continente.
Las historias cambian de país, de idioma y de cultura, pero casi siempre conservan el mismo patrón: antes del reconocimiento hubo sacrificio; antes del aplauso hubo incertidumbre; antes del triunfo hubo años en los que nadie sabía siquiera quiénes eran.
Y cuando finalmente llegan a la élite, el sacrificio no termina. Cambia de forma.
Muchos pensamos que el momento más difícil para un deportista es llegar. En realidad, muchas veces lo más difícil es volver a levantarse después de perder.
Lionel Messi es quizá el mejor ejemplo de ello. Antes de convertirse en campeón del mundo perdió cuatro finales con la Selección Argentina, incluida una Copa del Mundo. Fue duramente criticado, llegó incluso a anunciar su retiro de la selección y durante años cargó con la etiqueta de no poder ganar con su país. Cualquier otra persona habría entendido esas derrotas como el final del camino. Él decidió entenderlas como parte del camino. Volvió, insistió y terminó levantando la Copa América y, después, la Copa del Mundo.
Tal vez esa sea una de las mayores enseñanzas que deja el deporte. Nos acostumbramos a admirar el resultado y olvidamos el proceso. Vemos el campeonato, pero no los miles de entrenamientos. Vemos la medalla, pero no las lesiones. Vemos la fotografía levantando la copa, pero no los años en los que nadie aplaudía.
Y quizá eso también sucede fuera de una cancha.
Muchos de nosotros estamos atravesando esa etapa silenciosa. Construyendo un proyecto que todavía no despega, estudiando mientras trabajamos, emprendiendo sin saber si funcionará o aprendiendo un oficio cuyos resultados aún parecen lejanos. A veces sentimos que avanzamos demasiado despacio porque solo vemos el momento en que otros ya levantaron su copa, sin recordar todo lo que tuvieron que recorrer antes de llegar hasta ahí.
No todos llegaremos a ser campeones del mundo, y tampoco hace falta. Cada persona tiene una victoria distinta. Para algunos será formar una familia; para otros, terminar una carrera, levantar una empresa, escribir un libro o simplemente convertirse en alguien de quien sus hijos puedan sentirse orgullosos. La magnitud de esa victoria será distinta para cada uno, pero el camino casi siempre tendrá algo en común: primero vendrá el sacrificio y después, si se tiene la paciencia suficiente para permanecer, llegará la recompensa.
Cuando las cosas parezcan difíciles, no siempre hace falta mirar hacia adelante. A veces basta con no olvidar de dónde se viene y por qué se empezó. Y, sobre todo, no confundir la etapa del sacrificio con el final del camino. Porque antes de toda gloria existe un tiempo en el que nadie aplaude, y muchas veces quienes terminan haciendo historia son simplemente aquellos que decidieron no abandonar durante esos años invisibles.
Raúl JH.
Raúl Jiménez
Creador y fundador de la marca Fortaleza crafted, apoyando a marcas en la difusión e información de su origen y productos comerciales.
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