Batalla de 5 de Mayo: México 1862 - 1867
Raúl Jiménez
5/5/20264 min read


Maximiliano de Habsburgo, o Maximiliano I, fue el único emperador del Segundo Imperio Mexicano, murió fusilado en Querétaro cinco años después de pisar tierras aztecas, a manos de un contingente liberal encabezado por Benito Juárez.
Conmemorando la batalla de Puebla del 5 de mayo contra los franceses, aprovecho para narrar una fracción de la historia del año 1862 a 1867. Leer la historia de este pequeño periodo de tiempo hace sentir cómo era un México en medio de una guerra civil, una guerra de guerrillas: de un lado, Napoleón III y los franceses de la mano de algunos políticos y personajes mexicanos que apoyaban la intervención y una monarquía; del otro lado, un oaxaqueño de la sierra de Ixtlán, Benito Juárez, recorriendo el país en una caravana itinerante tras haber perdido la capital. Su administración no estaba sitiada ni huyendo; era móvil, junto con su gabinete y los documentos extraídos de la capital que le permitían tomar decisiones como oposición a la monarquía, y en medio de esa guerra, un famoso Porfirio Díaz.
La batalla, conocida como la Batalla de Puebla, fue un encuentro bélico comandado por Ignacio Zaragoza que se desarrolló en las inmediaciones del cerro de Loreto, donde una capilla fue adaptada como fortificación para proteger la ciudad de Puebla. A pesar de contar con una fuerza aproximada de 2,000 soldados y cerca de 2,700 civiles armados, el ejército mexicano logró imponerse ante un contingente francés mejor equipado, con mayor disciplina y experiencia militar.
Esta victoria convirtió a Zaragoza en una figura destacada dentro de la historia nacional. No obstante, el triunfo fue temporal. Al año siguiente, Francia envió un ejército mucho mayor, cercano a los 35,000 efectivos, con el cual logró vencer a las fuerzas mexicanas, ocupar la capital del país y establecer el Segundo Imperio Mexicano con la llegada de Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica como emperadores.
La segunda etapa de este periodo gira en torno a los problemas políticos, civiles y bélicos en el interior de México, con una caravana que, según un periodista de la época, se describía como: “una culebra que se arrastraba por los caminos, ascendía por los cerros, vadeaba arroyos y levantaba enormes nubes de polvo a su paso. Era aquel un colorido conjunto en el que refulgían el rojo vivo de las mantas, el rojo terroso de algunos coches, el rojizo oscuro de los caballos, el mate de las armas, el blanco de las bufandas, el gris de los sombreros y el azul de los soldados que alcanzaron uniforme”.
Los republicanos resistieron el avance francés en varias partes del país empleando básicamente técnicas de guerrilla; en Tabasco, las fuerzas republicanas frenaron a los franceses al derrotarlos en la Batalla de El Jahuactal el 1 de noviembre de 1863; la ciudad de Tampico había sido bloqueada por guerrilleros y, en el sur, Porfirio Díaz, al mando de 4,000 soldados, obstaculizaba el paso desde México hacia Veracruz. A pesar de ello, no pudo impedirse el avance francés, que ocupó en 1864 Guadalajara, Aguascalientes y Zacatecas.
Los generales republicanos suplicaban a Juárez que renunciara a su cargo para, de esa manera, poner fin a la guerra de intervención francesa. Entre ellos destacaban algunos generales y Santiago Vidaurri, gobernador de Nuevo León y Coahuila. Este último se unió al bando imperial a causa de las diferencias entre él y Juárez. Entretanto, Benito Juárez, debido a la reducción del territorio republicano, se vio forzado a trasladar nuevamente su capital a Monterrey, y el 27 de febrero de 1864 se recuperó la capital del estado, San Juan Bautista (hoy Villahermosa), cubriendo de gloria a las armas nacionales y dándoles nuevos bríos para continuar la lucha.
Finalmente, y debido a los problemas internos y externos de Napoleón III, se consideró dar prioridad a Europa, ya que tenía una oposición muy cerca de la Francia metropolitana. Esto provocó un cambio en el panorama para los republicanos. Francia decidió retirar sus tropas a principios del año 1866, lo que inició el avance republicano hacia el centro del país, puesto que el ejército imperial no contaba con las tropas necesarias para contenerlo. Maximiliano I de México reorganizó el ejército imperial, designando a los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía. Al acercarse las tropas republicanas a México, Maximiliano decidió trasladarse a Querétaro para continuar la lucha.
El 6 de marzo de 1867, el general Mariano Escobedo sitió la ciudad de Querétaro; mientras tanto, el general Porfirio Díaz sitiaba la Ciudad de México, impidiendo reforzar a las tropas imperiales en Querétaro. Después de 71 días de resistencia, Querétaro cayó en manos de Escobedo por una traición de Miguel López, y el 19 de junio fueron fusilados, en el famoso cerro de las Campanas, los generales Tomás Mejía y Miguel Miramón, junto con el emperador Maximiliano I. Juárez entró en la capital del país el 15 de julio de 1867; había triunfado la República.
Concluyo con lo siguiente: Este pequeño paso por la historia de México no solo conmemora una batalla; expone lo que realmente implica sostener un ideal cuando todo está en contra: caminar sin certeza, resistir sin garantías y tomar decisiones que cuestan. Recorrer el país en retirada, perder terreno, reorganizarse y volver a avanzar no es grandeza romántica, es convicción llevada al límite.
De ahí nace la fortaleza, no de los momentos cómodos, sino de aquellos en los que no hay alternativa más que continuar. Por eso, cuando la estés pasando difícil, no lo interpretes como una señal para detenerte, sino como parte del proceso que inevitablemente precede a cualquier resultado que valga la pena.
La historia no recuerda lo fácil, recuerda a quienes sostuvieron su postura cuando era más sencillo ceder. Y en ese sentido, la pregunta no es si el camino es complicado, sino si estás dispuesto a mantenerte en él el tiempo suficiente.
Raúl JH.
Raúl Jiménez
Creador y fundador de la marca Fortaleza crafted, apoyando a marcas en la difusión e información de su origen y productos comerciales.
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