El cuerpo Sabe

Raúl Jiménez

5/19/20262 min read

Sin salud no se puede hacer nada, más que intentar recuperarla. Eso fue lo que me recordó esta semana, y entiendo que a muchos nos ha pasado.

Hace mucho tiempo que no me afectaba algo así en el estómago. De esas veces en que el cuerpo simplemente deja de negociar: no importa cuánto quieras avanzar, no importa lo que esté pendiente. Te sientas frente a la computadora y en cuestión de minutos entiendes que la única decisión razonable es volver a la cama.

Es ahí cuando el cuerpo deja de ser algo que uno controla y se convierte en algo que habla. Y lo hace con una claridad que la mente rara vez tiene. Empieza a pedir cosas específicas — frutas, verduras, agua, electrolitos — y cada vez que lo escuchabas, el sabor de esas cosas simples se sentía distinto, más necesario. No porque de repente supieran mejor, sino porque el cuerpo sabía exactamente lo que le faltaba antes de que tú lo supieras.

Eso es lo que se entiende cuando uno dice que el cuerpo es sabio: no es una frase hecha, es un dato. El cuerpo no analiza, no duda, no posterga. Sabe lo que quiere y lo pide. El problema es que uno pasa gran parte del tiempo ignorando esas señales porque cree tener el control, porque hay cosas pendientes, porque descansar parece un lujo que no cabe en la agenda.

Y entonces lo básico vuelve a tomar su lugar. No el suplemento, no la rutina optimizada. El agua, el reposo, la fruta. Lo que siempre estuvo ahí y que uno desplaza cuando siente que todo está bajo control.

Sin salud, el resto pierde fuerza. No como advertencia ni como lección aprendida de golpe, sino como algo que el cuerpo ya sabía y que uno termina por confirmar cuando no queda otra opción. Aprender a escucharlo antes de llegar a ese punto puede ser una de las decisiones más simples y más difíciles al mismo tiempo — simple porque el cuerpo siempre está hablando, difícil porque uno rara vez se detiene a escuchar.

Raúl JH.