El último baile
Raúl Jiménez
7/8/20264 min read


Crecer es muy interesante, pero es muy difícil, en su mayoría, aceptarlo. Esta competición mundialista, que está en todos los reflectores del planeta, lo está mostrando.
Todos los que crecimos en los 90 y parte de los dos mil estamos presenciando cómo mucho de nuestra infancia ha ido desapareciendo poco a poco, ha estado cambiando o, inevitablemente, se ha ido adaptando a los nuevos tiempos y, más que un gusto, se vuelve un juego sucio ante nuestra melancolía de verlo nuevamente.
Se puede ahondar en muchos temas, pero iremos poco a poco. Hoy, más que nada, hablaré sobre las estrellas del deporte que están acercándose al cierre de sus carreras, y no solo ellos están terminando una etapa; nosotros también estamos cerrando un ciclo con ellos.
Al día de hoy, Luka Modrić, James Rodríguez, Neymar, Cristiano Ronaldo, Raúl Jiménez, Guillermo Ochoa y, sobre todo, Lionel Messi, están viviendo lo que el marketing nos vendió durante años como "el último baile", y cada vez que una competición importante termina o una selección queda eliminada, más que pensar en la siguiente, comenzamos a entender que los ciclos empiezan a cerrarse.
Primero fue Neymar, un niño descalzo en Brasil. Poco a poco nos acercamos al adiós de esa magia que vimos en el Barcelona, el Santos de Brasil y el PSG; regates y jugadas maravillosas, dignas de un brasileño.
Después está Luka Modrić, un niño que nació en medio de una guerra, no el más fuerte ni el más alto, pero sí el más aguerrido, y que dejó una de las frases más recordadas sobre el paso del tiempo: "No te pongas triste porque se acabó, sino sé feliz porque sucedió".
Después viene Cristiano Ronaldo, un niño en Portugal, con un padre alcohólico y una madre que trabajaba muy duro para sacar adelante a la familia y que incluso llegó a plantearse no continuar con el embarazo. Hay una fotografía muy icónica de él cuando era niño y, en lo más profundo de su mirada, parece observarse a alguien que entendía que el fútbol era su gran oportunidad; no había plan "B". Además, en sus últimos años ha dejado reflexiones muy profundas que, más que hablar de partidos, parecen hablar del cierre natural de una etapa y de la importancia de irse en paz con lo construido.
Y solo falta uno de los más grandes, Lionel Messi, que seguramente también nos dejará algo igual de profundo sobre lo que podamos escribir.
¿Por qué a la gente de los 90 nos está golpeando más de lo habitual y esta competición se siente diferente? La respuesta es sencilla: porque cuando nosotros éramos niños, ellos eran jóvenes promesas; cuando nosotros íbamos creciendo, ellos iban creciendo con nosotros; y cuando estaban en el mejor momento de sus vidas deportivas, nosotros también estábamos ahí.
Vimos a muchos hacerse padres al mismo tiempo que mis contemporáneos, vimos sus caras de adolescentes y nos identificábamos con cada uno de ellos y, en el deporte, queríamos ser Cristiano Ronaldo, Messi o Neymar. Y ahora, ellos acercándose a los cuarenta años y nosotros con treinta o más, nos estamos moviendo hacia otra etapa para dar paso a nuevas generaciones porque, aceptémoslo, ya no podemos competir igual: los talones duelen, las rodillas incomodan, la espalda pasa factura y recuperarse lleva mucho más tiempo. Y si eso le sucede al amateur, al profesional le sucede exactamente igual, aunque a otra escala.
¿Qué sigue en la vida después de un deportista? Muchas veces lo mismo que le sucede a un estudiante después de graduarse: trabajar, ir a una oficina, colgar los botines para ponerse zapatos, colgar el uniforme y comprarse un traje.
Y así como a ellos les llega su momento y lo están abrazando con naturalidad, también es momento de que nosotros aprendamos a hacerlo con ellos. A quienes disfrutaron de una vida rápida y de noche les cuesta más recuperarse; cuando antes se podía hacer una sola comida al día y funcionar perfectamente, ahora se necesitan tres y, si existe la oportunidad, ayudar al cuerpo con ejercicio y buena alimentación.
¿Pero esto es malo? Por supuesto que no. Seguir caminando es un privilegio, y ese privilegio nos otorga la posibilidad de nuevas experiencias. Miro a muchos de mis contemporáneos viajando, saliendo en familia, creando empresas y formando hogares, y simplemente es una nueva etapa que nos da la oportunidad de vivirla tan plenamente como lo fue la niñez, solo que ahora más despiertos y con responsabilidades.
La vida no se detiene por nadie y, si volteamos hacia atrás, veremos llegar a nuevas generaciones como Erling Haaland, Kylian Mbappé y Gilberto Mora; y si miramos más atrás, encontraremos a quienes fueron los referentes de quienes crecimos antes, como Luis García, Jorge Campos y Hugo Sánchez.
Entonces, el secreto tal vez no sea estar mirando hacia delante y hacia atrás; es estar en nuestro presente, disfrutarlo y vivirlo como si tuviéramos siete años, porque en aquel tiempo lo único que nos importaba era vivir y descansar.
Esta competición nos está dejando muchas emociones encontradas, porque para unos representa otro intento más con la Selección Mexicana; para otros, es la primera vez que viven algo así, y la euforia colectiva se contagia y se siente.
Lo digo como experiencia propia, ya que hace unos días lo viví muy de cerca junto a la afición. Vi niños, jóvenes, hombres y ancianos compartiendo el mismo entusiasmo y, así como yo grité los goles como hacía mucho tiempo no lo hacía, quienes estuvieron antes que nosotros y quienes vienen después los gritaban exactamente con la misma emoción.
Ser mexicano me llena de alegría y, aunque existan miles de problemas estructurales en todos los ámbitos de la vida y también en el deporte, esta experiencia nadie nos la va a contar.
Cuídense, disfruten y hasta el siguiente texto.
Raúl JH.
31 años
Raúl Jiménez
Creador y fundador de la marca Fortaleza crafted, apoyando a marcas en la difusión e información de su origen y productos comerciales.
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