Excelencia

Raúl Jiménez

2/11/20262 min read

Todos tomamos una primera decisión al despertar cada mañana. Coloquialmente se le conoce como levantarse con el pie derecho o con el pie izquierdo. Sin embargo, en este texto quiero abordarlo desde otra perspectiva: elegir entre dos caminos posibles. ¿Realizar bien nuestras actividades o hacerlas de manera moderada? Antes de continuar, es importante aclarar que hacer bien nuestras actividades significa realizarlas con el mayor nivel de excelencia posible, no simplemente cumplir.

Existen situaciones en las que inevitablemente necesitaremos el compromiso y la capacidad de alguien más. Si estuviera enfermo, buscaría al mejor médico al que pudiera tener acceso. Si fuera deportista, desearía contar con el mejor entrenador posible. Si fuera estudiante, buscaría al mejor mentor.

Pero entonces surge la contraparte:
¿Somos nosotros la mejor versión de nosotros mismos?
¿Nos levantamos cada día dispuestos a ser el mejor mentor, el mejor profesional, el mejor deportista… o al menos el mejor ser humano posible?

¿Utilizamos nuestro tiempo para desarrollar nuestras capacidades o simplemente lo consumimos?

Entiendo que cada persona enfrenta condiciones distintas. Sin embargo, dentro de lo que está a nuestro alcance, la pregunta es inevitable: ¿realmente estamos actuando con excelencia o solo estamos cumpliendo con lo mínimo?

Recientemente se conmemoraron dos acontecimientos que refuerzan esta reflexión: el Día de la Fuerza Aérea Mexicana (10 de febrero) y el Super Bowl en Estados Unidos (9 de febrero). Contextos muy diferentes, pero con una misma idea de fondo.

En el primer caso, basta preguntarse: ¿qué se necesita pensar, resistir y decirse a uno mismo para soportar un proceso al que solo una pequeña parte de la población puede acceder? Entrenamientos exigentes, falta de sueño, disciplina extrema, condiciones físicas y mentales al límite durante años. Todo ello para alcanzar el honor y la responsabilidad de pilotar una aeronave. Nadie llega a ese nivel con una actitud a medias.

El segundo caso es más cercano y popular: la historia de un personaje latino que crece entre carencias, persigue un ideal y, tras años de esfuerzo, llega a uno de los escenarios más vistos del mundo para transmitir un mensaje claro: no fallarse a uno mismo y recordar el valor de la identidad y del esfuerzo, incluso en contextos complejos.

Dos caminos distintos. Un mismo principio: la excelencia no es casualidad. Es una decisión diaria.

Más que una conclusión, quisiera hacer una invitación. Mañana, al despertar, intentemos realizar nuestras actividades con nuestras mejores capacidades. Porque si en algún momento nuestros caminos se cruzan, sería valioso saber que ninguno de los dos se está conformando. Las circunstancias de cada persona son distintas y, en muchos casos, difíciles. Pero el crecimiento rara vez ocurre en la comodidad. La adversidad no es el obstáculo; muchas veces es el punto de partida.

Si ya estás avanzando con ese nivel de compromiso, continúa.
Si no es así, quizá la pregunta no sea cuándo empezar, sino por qué aún no lo has hecho.

Mi respeto para todas las personas que cada día se levantan y enfrentan lo que les corresponde, porque deben, porque pueden y porque entienden que ese es el camino.

Raúl JH.