Lo que construyes te construye

Raúl Jiménez

6/2/20262 min read

Los proyectos que realices a lo largo de tu vida tienen que ser inmensamente proporcionales al placer de hacerlos.

Esta es la frase que he estado trabajando estos últimos días. Pude haber caído en el cliché de "trabaja en lo que te gusta para que ningún momento de tu vida tengas que trabajar", pero lo que yo quiero explicar en este texto es el trasfondo de lo que representa construir un proyecto antes de decir: "me gusta".

Partamos de la premisa de una vida promedio, de lo que vive habitualmente el mayor porcentaje de la población en México: un trabajo de 8 a 6, un traslado de al menos una hora y regresar a casa a cumplir con las obligaciones y responsabilidades necesarias. Entonces, ¿dónde está el tiempo para un proyecto? Y es ahí donde empieza el primer paso: la lucha mental entre tomar la decisión e, inconscientemente, saber que tendrás que sacrificar ciertas cosas para poder realizarlo. Entre esas primeras cosas está el sueño.

Ahora, como acto segundo, llegan los retos surgidos durante el proyecto. Es ahí donde la mente empieza a trabajar a marchas forzadas todo el tiempo porque, aunque no lo parezca, estés en el trabajo habitual, durmiendo o realizando cualquier otra actividad, tu mente ya está solucionando los retos encontrados y, aún más allá, sin que te des cuenta, ya está resolviendo los problemas futuros. Así de compleja es la mente del ser humano.

Después viene la ejecución, y es ahí donde todo lo que pensabas que estaba engranado perfectamente empieza a mostrar grietas. Es entonces cuando te encuentras con dos caminos: seguir o parar. Porque, después de tantas horas invertidas, empiezas a cuestionarte si realmente va a funcionar o si es mejor detenerse y, como comúnmente se dice, "después ahí vemos".

¿Qué es lo que funciona? Desde mi óptica, no parar. Continuar, porque eso es lo que me ha funcionado. Los resultados no se ven de manera inmediata, pero la constancia sí hace una gran diferencia. Si uno quiere ser bueno en algo, tiene que tener miles de horas de experiencia para poder considerarse bueno. Ahora bien, si mil horas son apenas las iniciales, ¿cuántas horas más tendrás que trabajar para poder alcanzar la estabilidad?

Es ahí donde entra la frase con la que iniciamos: "Los proyectos que realices tienen que ser inmensamente proporcionales al placer de hacerlos", porque una vez superada la barrera de las miles de horas, el proyecto empieza a impregnarse en tu vida. Al principio construyes un proyecto, después de suficientes años, el proyecto empieza a construirte a ti. Y la vida, aparte de todas las maravillas que otorga, tiene que estar impregnada del placer de nuestro propósito: informar, apoyar, contar historias, defender y luchar a favor de alguien o de algo, es un placer que viene dado por tu obra, y yo lo llamo "mi visión".

Ahora bien, ¿cuál es la visión que tenemos de nosotros mismos dentro de diez años? No hay una visión mala; simplemente hay que respetarla.

Hoy me resulta admirable observar cómo las personas construyen algo que las trasciende. Algunos investigan, otros enseñan, otros emprenden o cuidan de nuestra salud. Todos están levantando algo que antes no existía. Y quizá ese sea el verdadero sentido de un proyecto: no ocupar el tiempo, sino dejar una parte de nosotros en el mundo cuando ya no estemos para explicarla.

Raúl JH.