Malo y/o Bueno

Raúl Jiménez

8/5/20262 min read

Lo que es malo no siempre es malo, y lo que decimos que es bueno a veces puede ser malo.

Esta es una gran controversia en la que he estado pensando estos días, durante este tiempo he escuchado historias de amigos en diferentes partes de México que han estado pasando por episodios complicados —nadie escapa de eso—. Sin embargo, cuando uno observa una situación desde una perspectiva ajena y diferente, se puede descubrir que no necesariamente todo está mal.

Por ejemplo, detengámonos a pensar un momento y recordemos aquella situación que estuvimos pasando por algo verdaderamente complicado. Ahora, tiempo después, pueden mirar hacia ese mismo recuerdo, pero con otra perspectiva. Sin duda, reprobar una materia durante la adolescencia o perder un trabajo para un contemporáneo pueden parecer situaciones completamente malas en su momento, pero no siempre terminan siéndolo, ese tipo de acontecimientos pueden hacer que uno se ponga a la par, redoble esfuerzos y encuentre caminos que antes no había considerado.

Ahora veamos las circunstancias previas a la dificultad. ¿Es una dificultad generada por nosotros mismos o simplemente una dificultad que la vida nos está poniendo enfrente? Por ejemplo, no es lo mismo escaparse de casa a los 18 años y tener que subsistir por uno mismo después de una riña familiar, que enfrentar una adversidad similar, pero por el hecho de salir de nuestra zona de confort y hacernos un espacio en el mundo. La dificultad puede existir en ambos casos, pero las circunstancias son completamente diferentes.

Entonces surge la pregunta: cuando decimos que algo es malo, ¿es porque realmente existe algo que en definitiva está deteniendo nuestro crecimiento, o simplemente estamos reaccionando de manera impulsiva ante algo que no sucedió como nosotros queríamos?

Con esta pregunta llevemos el argumento al extremo.

Viktor Frankl, en El hombre en busca de sentido, relata una de las experiencias humanas más extremas que se pueden imaginar: la vida de los prisioneros en los campos de concentración. Y precisamente desde ese lugar de sufrimiento surge una reflexión que me parece profundamente interesante: incluso cuando una persona pierde casi todo aquello que puede controlar de su vida, todavía existe una última libertad que nadie puede quitarle por completo: decidir cómo responder ante aquello que está viviendo.

Frankl no plantea que el sufrimiento sea bueno ni que las situaciones terribles deban justificarse, lo que muestra es algo diferente: no siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero sí podemos trabajar sobre la actitud con la que enfrentamos aquello que nos sucede.

Y quizá ahí está la diferencia.

No sabemos qué acontecimientos de nuestra vida terminarán siendo buenos o malos mientras los estamos viviendo. Una derrota puede parecer el final y terminar siendo el comienzo de algo diferente, un despido puede sentirse como un fracaso y convertirse en la razón para cambiar de camino, una dificultad puede hacernos cuestionar todo lo que somos y, con el tiempo, convertirse en una de las experiencias que más nos hicieron crecer.

Tal vez por eso no siempre debemos apresurarnos a ponerle una etiqueta definitiva a lo que nos sucede.

Entonces, con esto cerramos:

¿Lo malo te sigue pareciendo malo como lo pensabas al principio?

Raúl JH.