¡Mi experiencia en el FanFest Guadalajara! Portugal vs Colombia

Raúl Jiménez

6/30/20264 min read

Las mejores cosas suceden cuando no las planeas y simplemente van sucediendo, como el tiempo avanzando. Así llegué al Fan Fest, sin planearlo, y de pronto estuve frente a gente de distintas nacionalidades, ingleses, panameños, portugueses y colombianos, todos eufóricos.

Planeé ir al Fan Fest el día que México jugó en Guadalajara contra Corea del Sur, pero increíblemente la fanaticada mexicana es única, y hubo personas que desde las tres de la mañana comenzaron a hacer fila, y más extremo aún, quienes estaban saliendo de un bar una noche antes, en lugar de regresar a casa, decidieron prepararse para el siguiente encuentro y durmieron en la fila.

Sobre avenida Chapultepec colocaron unas figuras de Panini de las leyendas del fútbol tamaño gigante y decidí ir a verlas y tomarles algunas fotos para el recuerdo. Después de ver las figuras y el ambiente mundialista de gente con sus jerseys, me dirigí al tren solo para dar una caminata, y lo bueno empieza entrando a la estación.

Desde que bajé a la estación del tren había una cantidad de gente de todas las edades con la camiseta de México, de Portugal con la mítica 7 de Cristiano Ronaldo y la 10 de Lionel Messi. Después de caminar y observar los botines y camisetas históricos que adornaban el camino, llegué al andén y entré al vagón. Rápidamente te encuentras con personas completamente desconocidas hablando entre ellas de quién es mejor, Messi o Cristiano. En esto estuve, metido en una conversación de quién es mejor y si esta vez le marcarían un penal a Messi. Claramente eran fanáticos de Cristiano, llevaban una figura tamaño real de él.

Después de esta apasionada plática y de subir las escaleras para salir de la estación, familias completas con sus jerseys de México, formadas casi sin darse cuenta, caminaban como un rebaño hacia un solo lugar: el Fan Fest. Yo decidí seguir el camino y a ellos, no por decisión propia sino porque el mismo ambiente está puesto precisamente para llegar ahí. Matracas, sombreros y vuvuzelas por doquier. Qué ambiente.

Al llegar a la fila, llevaba una mochila con algunas cosas, y me dije: si no me dejan entrar por esto, pues me regreso, no era mi plan entrar. Y de pronto, en una revisión de cinco minutos, lo único que tuve que dejar atrás fue mi bote de agua, ese bote verde que llevaba conmigo cuatro años. Como dicen, para llegar a algún lado hay que dejar algo atrás, y esta vez fue mi bote.

Al entrar, ¡increíble ambiente! Por un lado, gente jugando fútbol, así como en Brasil, en rueda haciendo dominadas, contando, y cuando caía el balón, el clásico "ehhh, puto", no por insultar, sino para burlarse. Justo en ese mismo momento, el muy famoso "quiere volar, quiere volar", y no se quedó en un simple grito: vi volar a al menos diez personas. Sin darte cuenta, el mismo ambiente mexicano te contagia y de pronto ya estás gritando, saltando, jugando, como si la euforia se contagiara. Justo en ese momento me dije: "qué bueno que vine".

Después de hacer un recorrido, ver sombreros, botargas, personas de diferentes nacionalidades con los jerseys de su país, me acerqué a la pantalla para empezar a ver el juego. Me acerqué lo más que pude y lo primero que pensé fue: "esto no se va a llenar, ya va a empezar y aún no hay mucha gente". Acto siguiente, no cabía ni un aficionado más.

Lo más interesante al momento del juego fue el canto de los himnos nacionales. No sé con exactitud cuántos colombianos había, pero se me enchinó la piel solo de escuchar la energía con la que cantaban su himno. Si eso es Colombia, imagino lo que ha de ser en su tierra.

Dos horas de pie, gritando gol y abucheando por no validarlo, viendo cómo de pronto todo está en silencio y de pronto todos gritan "buu". Porras de colombianos, banderas, un ambiente increíble.

Aparte de ser esto un evento masivo y con posibilidad de lluvia, nadie se movía. Llovió solo un poco, pero "solo es agua". Ahora entiendo la euforia mexicana, la afición por el deporte más famoso del mundo, y entiendo la religiosidad de los hinchas hacia sus equipos. Es hipnotizante un ambiente de estos.

Finalmente, al término del juego, ver gente volando, el famoso arco de botes, máscaras del Santo, sombreros de charro, sombreros colombianos, botargas, banderas, matracas, silbatos, vuvuzelas y cerveza volando, fue momento de regresar. El regreso en el tren fue similar al de la llegada, toda la hinchada y fanaticada en la estación, y viví algo que quería presenciar y no solo ver en videos: el acento cantado, al estilo muy mexicano, gritándole a las personas del otro extremo de las vías que iban en dirección contraria: "puto el que se suba", "puto el que se suba".

En fin, no lo planeé, pero fue una gran experiencia que tal vez, en lugar de buscarle un ángulo filosófico, simplemente hay que dejarse llevar, disfrutarlo y divertirse, porque al final es lo único que nos llevamos.

Raúl JH.