No tomarlo Personal

Raúl Jiménez

3/10/20262 min read

Hoy, sentado en el último piso de la casa, esperando, volteo a la puesta de sol y medito sobre el trato: lo que ha sido mi trato como cliente, lo que es un buen trato, un pésimo trato y un trato amable.

Te platico tres horas de mi día. Después de un tiempo recorriendo lugares, ya estoy empezando a entender cómo funciona esto y, lo más importante, cómo reaccionar. El motivo de este escrito tiene que ver con una lección muy importante que todos debemos entender: no tomarte nada personal.

Como en muchas otras ocasiones, recorrí las calles en busca de nuevos clientes y prospectos. Dependiendo de a quién te quieres acercar, son los filtros que necesitas pasar. Normalmente, primero es el o la recepcionista; después el encargado y, finalmente, alguna persona del área comercial.

Antes de empezar a visitar lugares siempre me siento en algún punto, me relajo, observo a las personas y comienzo. A diferencia de otras ocasiones, hoy fue la marcha del Día Internacional de la Mujer, una gran lucha de las mujeres. Por esta razón, una policía, con un trato muy amable, se acerca y me comenta:

—Hola, como recomendación te comento que el contingente de mujeres se acerca por este lugar y, para evitar cualquier problema con hombres, me gustaría que te movieras más adelante.

Contrastante con la personalidad que uno esperaría de un policía, le di las gracias, me levanté y decidí comenzar a caminar hacia el primer destino.

Entro al lugar. Noto que la señorita me observa y veo cómo me mira de pies a cabeza. Me acerco y le comento:

—Buenas tardes .... 

Mirándome lo mínimo, me escucha, se voltea y, sin mirarme, con un tono de voz condescendiente me responde:

—Envía mensaje y, si les interesa, te hablamos.

Se queda esperando a que me retire del lugar. Un curioso y gran contraste con la policía de minutos antes. Pésima atención.

Posteriormente me acerco al siguiente destino. Increíble: un quinto piso en el cual la recepción es grande y lujosa, de alta y prestigiosa calidad, como lo que se vende. Salgo del elevador; me miran las tres señoritas, me escuchan, me observan y, con un tono amable y de alta calidad en sus palabras, reflejando el nivel del lugar, me explican el protocolo. Sin que yo se los comente, me piden mi tarjeta.

Sin duda volveré a este lugar como proveedor y también como cliente.

Finalmente quiero concluir esta pequeña sección de mi día con dos ideas importantes.

Primero: no desanimarse bajo ninguna situación y no tomarse nada personal. Dar rápidamente la vuelta a la página. Al final, todos estamos realizando una actividad o un trabajo mientras cargamos con situaciones personales detrás de nosotros que pueden definir nuestro día.

No hay que darle importancia a lo que no controlamos, y las actitudes de las personas son una de esas cosas. Nosotros no podemos controlar cómo reaccionan los demás, pero sí podemos controlar nuestros actos, nuestra educación, nuestras reacciones y nuestra amabilidad.

Claro, también es importante entender algo: bajo ninguna circunstancia debemos permitir que cualquier persona te sobaje por tu acento, color de piel o género. Míralo a los ojos, porque hay luchas que, simplemente, se tienen que abordar.

Raúl JH.