Perder la final 4 a 0

Raúl Jiménez

9/1/20263 min read

Simplemente, en muchas ocasiones, aunque te esfuerces y te prepares, simplemente no alcanza, y lo único que queda es aceptarlo y continuar.

Llevo más de 20 años compitiendo en los deportes que me han gustado y he tenido el privilegio de practicarlos: natación, karate, ciclismo como hobby y fútbol. Competí en muchos de estos deportes, gané algunas medallas, algunos trofeos y ya, se disfrutó, se vivió, me la creí y se continuó. Pero lo que no dimensionaba en aquellos momentos de gloria y fortuna era que el cuerpo llega a un tope y empieza a resentirlo.

Jugué tal vez mi séptima u octava final en el fútbol el sábado pasado y perdimos cuatro a cero. A diferencia de las demás, está la sentí con un sabor amargo, porque, al cumplir 30 años, sentí un declive físico, pesaba cerca de los 80 kilos, corría y me dolían las rodillas, los músculos estaban ocultos entre la grasa visceral, y como todo en la vida, te ves en una foto y dices: “Ese no soy yo”. Tomas la decisión y empiezas el cambio, siempre las primeras semanas son las más difíciles, como si el corazón olvidara cómo bombear la sangre. 15 minutos de cardio fueron suficientes para darme cuenta de que, más allá de lo agitado que me sentía, esto sería un gran reto.

Regresé al gimnasio con sobrepeso y tardé aproximadamente un año y medio en recuperar la fuerza, el músculo idóneo y acercarme al peso ideal, entonces, como si el tiempo fuera preciso en las circunstancias, llegó el llamado. Me invitaron a jugar fútbol nuevamente y decidí hacerlo para ver qué pasaba, ya que tiempo atrás había decidido ya colgar los botines. Me sorprendí de lo mucho que disfruto competir y hacer esto, entonces, más que un hobby de fin de semana, lo tomé en serio hasta donde se podía, lo primero, me pesé. Pesaba 76, cambié mi rutina de gimnasio y mi alimentación, dos meses comiendo salmón, pescado, pollo, huevo, atún y verduras. Llegué a los 71 kilos y me sentía en el mejor momento para enfrentar esta nueva final.

Llegó el día. Corrí, metí la pierna con fuerza, fui al choque, me barrí, salté para competir y no fue suficiente, cayó uno, cayó el segundo y, cuando estábamos más cerca, cayó el tercero. Aun así, y con las emociones a tope, no perdí el estado de flow que te generan estas competencias, y aproximadamente 5 o 10 minutos antes del silbatazo final, sentí una presión en los gemelos y en el muslo de la pierna derecha. Sí, la lesión se anunciaba, pero dentro de mí dije: “Esta es la última, ya lo que se dé”, y se dio un penal a favor de ellos y fue todo.

Pitaron el silbatazo final, con el sol poniéndose y la luz del día terminando, vi al pasto, vi al otro equipo festejar y lo único que me nació en ese momento fue ir a saludar y felicitar al equipo contrario. Palabras más, palabras menos, la mayoría me dijo: “Bien jugado, nos vemos en la siguiente”.

Terminó, me quité la playera, fui con mis compañeros y se terminó. Me senté, vi festejar al equipo contrario, vi su trofeo y dije: “Veremos mañana a ver qué sucede”. Hoy domingo, que escribo este texto, me duele todo el cuerpo: abdomen, espalda, piernas y los brazos.

Y aun con toda esta posible catástrofe que se puede leer, me visualizo jugando una más, porque esto parece una droga. En mi mente está: “Una más, vas a llegar mejor preparado”. Ya no serán dos meses de preparación, será toda una temporada. Bueno, veremos qué sucede, y finalmente lo que rescato de esto es lo que siempre hemos estado hablando: dar la vuelta a la página, hacer lo mejor con nuestras capacidades para no sentirse insatisfechos y si esto ha funcionado en esto tan simple que es un deporte, seguramente, si necesitas más estudios y tiempo para hacer algo más allá, tu mente va a encontrar el camino, tu cuerpo las energías y seguramente algo conseguirás. No hay que olvidar que, en la victoria o en la derrota, hay que disfrutar el momento, porque de eso se trata todo esto.

Nos vemos en la siguiente.

Raúl JH.