Vozinha

Raúl Jiménez

6/17/20263 min read

No todo llega cuando uno lo desea. Algunas cosas llegan cuando uno ya ha aprendido a esperar, a resistir y a seguir trabajando sin la garantía de que algún día serán recompensadas.

Hoy conocí la historia de Josimar Dias, mejor conocido como Vozinha, portero de la selección de Cabo Verde. Y aunque la noticia gira alrededor del fútbol, en realidad habla de algo mucho más importante: la paciencia, el tiempo y la perseverancia.

Cabo Verde es una pequeña isla volcánica ubicada frente a la costa noroeste de África, con aproximadamente 530 mil habitantes. En la Copa del Mundo de 2026 enfrentó a España, una de las selecciones más importantes del planeta y favorita para llevarse la victoria. Contra todo pronóstico, el encuentro terminó empatado 0-0. Para muchos fue simplemente un resultado sorpresivo; para Cabo Verde significó el primer punto mundialista de su historia.

La figura del partido fue Vozinha, a sus 40 años realizó siete atajadas y fue nombrado Jugador del Partido, sin embargo, lo verdaderamente interesante no ocurrió durante el juego, sino muchos años antes.

Antes de convertirse en futbolista profesional, Vozinha trabajaba como electricista en Cabo Verde, como ocurre con miles de personas alrededor del mundo, tenía que dividir su tiempo entre las responsabilidades laborales y aquello que soñaba construir para su futuro. Mientras trabajaba entre cables, herramientas e instalaciones eléctricas, seguía entrenando y jugando al fútbol, sin ninguna garantía de que el sacrificio terminaría valiendo la pena.

Su historia comenzó en un entorno complicado, su padre realizaba el servicio militar cuando él nació y su madre trabajaba constantemente para sacar adelante a la familia, creció jugando en las calles con personas mayores que él, aprendiendo desde pequeño que competir significaba luchar.

En una entrevista recordó:

“En mi barrio, los chicos eran mucho mayores que yo. Siempre jugaba en la calle y recibía muchos golpes. También jugaba muy bien con los pies, era competitivo y rebelde, no me gustaba perder. Me pegaban mucho y, cuando no podía devolver los golpes o responder, volvía a casa enfadado, con mala cara”.

Probablemente esa frase explique gran parte de su historia, hay personas que desarrollan talento, pero también existen quienes desarrollan resistencia. Y cuando el tiempo pasa, la resistencia suele marcar más diferencia de la que imaginamos.

Vivimos en una época donde todo parece exigir resultados inmediatos. Queremos terminar la carrera rápido, crecer rápido, ganar dinero rápido y alcanzar nuestras metas lo antes posible. Pero la realidad rara vez funciona así. Muchas veces hay que alternar entre el trabajo y la escuela, entre las responsabilidades y los proyectos personales, entre lo que debemos hacer y aquello que realmente queremos construir.

Por eso la historia de Vozinha resulta tan interesante. No se consagró a los 20 años ni a los 25. No surgio como una promesa juvenil destinada al deporte. Su momento llegó a los 40 años, cuando gran parte de los deportistas profesionales ya están retirados o pensando en retirarse.

Y eso nos recuerda algo importante: el tiempo no premia a quien tiene prisa; premia a quien permanece.

Hay metas que tardan años en llegar, hay proyectos que exigen miles de horas antes de mostrar resultados, hay esfuerzos que parecen invisibles durante mucho tiempo, sin embargo, cada hora invertida, cada día de preparación y cada sacrificio van construyendo algo que muchas veces solo se vuelve visible cuando llega la oportunidad.

El empate entre Cabo Verde y España quedará registrado en las estadísticas de esta Copa del Mundo, pero lo que probablemente no se mostrara en los números son todas las mañanas en las que un electricista decidió seguir preparándose para un futuro que todavía no existía.

Y quizá esa sea la enseñanza más valiosa de esta historia: no siempre se trata de llegar primero. A veces se trata simplemente de seguir presente cuando finalmente llega el momento.

Raúl JH.